jueves, 9 de abril de 2009

Teoría del rodaje inmediato

En cuestiones de pareja, cuando algo va a salir bien, echa a rodar desde el primer día. Se puede atascar, detener, desviar... pero enseguida arranca, si está para arrancar. Esta teoría es infalible y da fuerzas para, llegado el momento, sacar el pie del acelerador, aparcar en plena cuesta, dejar la primera puesta y poner el freno de mano. Y a otra cosa, mariposa.
La teoría del rodaje inmediato está pensada para olvidar a esos hombres que necesitan ponerse a prueba. Sueñan con charcos que saltar. Y si no los hay, agarran un cubo, abren un grifo, lo llenan y lo tiran a sus pies sin el aviso previo de "¡Agua va!". Dicen que es porque sus madres les repiten cada día que son unas perlicas y ellos, ingenuos, se lo creen. Cuántas ostras han llegado a la mesa depués de un hervor con una perlica dentro que, por avatares de la digestión, termina en el váter.
Probablemente exista un gen para atrapar perlicas. Pero eso es un don divino y no tiene gracia. Es como la que nace con los ojos azules. Para las de ojos marrones, las perlicas son pretenciosas. Y sólo hay una forma de ponerse a salvo de ellas. Al subir al coche, solas, hay que sonreír al retrovisor y repetir en voz alta ocho palabras mágicas: "Aquí la reina soy yo. Cochero, a palacio".

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