sábado, 12 de septiembre de 2009

Balsero cubano


Le conozco desde niña. Estudiamos juntos en la misma escuela. Hemos salido juntos de fiesta. Es guapo, soltero, sin hijos, tranquilo, buena persona, trabajador y honesto. Quizás por eso sigue en Cuba. Decían los Orishas en una de sus canciones que en Cuba "no hay vida para los mareaos". Y ese es su pecado: ser un mareao o lo que es lo mismo: ser bueno de más. Es mi amigo y está desesperado. Tiene 34 años y el aburrimiento lo está matando. Lo único que le mantiene vivo es el gimnasio al que va cada día para ganar fuerzas en los brazos y poder remar en dirección a la Florida. A él le gustaría venir a trabajar a España, pero ya le he dicho que no son tiempos y que no hay manera. Él se lo ha pensado bien y ha decidido ser balsero. En cuanto mejore el tiempo se despedirá de su madre y de su padre y se irá a la playa, se subirá a una rueda de camión e intentará llegar a Miami. Me ha dicho que no piensa en la muerte, porque él ya está muerto.

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