martes, 26 de enero de 2010

¿Quieres que te mande un telegrama?

Sacó tres billetes de 50 mientras comprobaba que no llevaba suelto para pagar el telegrama que acababa de enviar. Yo estaba a su lado y no pude evitar enterarme de su contenido. "Por aquí, deseando verte. Estoy bien. Besos". Me quedé mirándole con ganas de achucharlo. Era un hombre mayor, bien vestido, con sombrero. Bajito. No creo que haya encogido con los años. Sus pies eran pequeños. Llevaba unos zapatos negros, muy limpios, pese a la lluvia, y un paraguas negro. Pagó y se fue. Me recordó al Florentino Ariza, de la novela de El amor en los tiempos del cólera. Yo creía que los teléfonos móviles habían jubilado a los telegramas, pero aún hay gente sin reparos a la hora de compartir su pena o su alegría con un trabajador de Correos. Yo no mando un telegrama desde hace unos 15 años. En mi casa, siempre que llegaba uno era para avisar de que algún familiar había muerto. Os prometo que si me dejáis aquí vuestra dirección os mando un telegrama. Sólo para que lo tengáis de recuerdo. Un día de estos, lo jubilan de verdad.

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