miércoles, 22 de febrero de 2012

Periodismo febril

Me he levantado empapada en sudor; me he dado una ducha y he salido a una rueda de prensa, a las 10.00 de la mañana. Sólo estaba yo allí. Me dio pena. Con tanta intimidad lo raro es que no les haya pegado mi gripe.
Por algún motivo que desconozco, la fiebre me sienta bien. Es como si necesitara esa purga para echar a andar. Ahora estoy hecha un trapito, pero es normal. Al caer la noche, los virus se ensañan. ¿Qué es una gripe, comparado con la muerte de dos periodistas en Homs?
Me duelen sus caras. No invitan a la lágrima, sino al desafío de levantarse y sentir esta profesión como un sacerdocio. Cada uno, desde su sitio, que no todos nacemos para héroes. Para mí es un desafío buscar cada mañana una apertura que no sea más de lo mismo. Me gustaría decir que lo hago sólo por los lectores, pero no. Lo hago en primer lugar, por mí. Me mata la filosofía del parásito profesional. La gente no tiene por qué tenerme en cuenta la gripe, ni los bajones ni los disgustos. Tampoco las alegrías ni los festines de ego que (a veces) me llevan a creerme la superabuela de los tiempos del cólera.
Siempre he pensado que el periodismo más difícil es el que se hace desde los pequeños diarios de provincias. Si llamas desde un gran periódico, lo normal es que todo el mundo se te ponga al teléfono. Lo difícil es llamar de parte de la nada, armados únicamente con la fe en una profesión que nos hace distintos, y notar que del otro lado hay alguien que te respeta y se respeta. Eso se consigue perseverando no un poco, sino mucho y todos los días, porque no hay nada imposible. Terminarán respetándote por audaz o por pesada. De lo que se trata es de hablar y de que se te escuche. De gritar y que se te mire. De joder y que no te vean.

2 comentarios:

Pedro dijo...

No pillo el sentido de la frase final.

tcosta dijo...

Probablemente no es muy acertada, pero en la práctica si quieres "joder y que no te vean" con un artículo, tienes que tenerlo todo tremendamente amarrado. No sucede así todos los días. Con una o dos fuentes, despachamos una noticia. Cuando la noticia es completamente otra si mucha gente dice lo que tiene que decir. Es así, como una noticia incómoda llega a quien tiene que llegar, sin causar problemas al periodista que la escribe. A eso em refería.