viernes, 13 de abril de 2012

Guridi

Haciendo limpieza de papeles he encontrado su teléfono. Se llama Guridi, era poeta y trabajaba de bibliotecario en la Asociación de Amigos del País de la avenida Carlos III de La Habana, donde yo pasaba muchas tardes, en los 90, leyendo periódicos habaneros de antes de 1959. Un día nos pusimos de acuerdo para entrevistar, juntos, al Indio Naborí, un poeta cubano (Premio Nacional de Literatura en 1995) que escribió versos como estos (son un fragmento):

No me asusta morir... Sólo lamento
no tener ojos para ver las cosas
que se transformarán: zarzas en rosas,
lobos en hombres, polvo en monumento.

Esa entrevista nunca llegamos a hacerla. Yo no le conté que estaba a punto de irme de Cuba. Éramos amigos, pero no tan íntimos como para fiarme y contárselo. ¿Y si era chivato? Finalmente se lo dije ya a punto de partir. Me disculpé. Mi avión salió con retraso y él llegó a tiempo para despedirse de mí en el aeropuerto. Me dio el pequeño trozo de papel que he encontrado en un cajón. Me sorprendió. Yo no habría sido capaz de hacer lo mismo, ni aunque me lo hubiera propuesto.

Han pasado 13 años y no he vuelto a saber de ese poeta. Le he preguntado a mis amigos que siguen en La Habana y nadie sabe de él. Como si se lo hubiera tragado la tierra. Puede que nunca vuelva a verlo. Esa entrevista ya no podremos hacerla juntos. El Indio Naborí murió en 2005.

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