sábado, 14 de abril de 2012

La broma macabra

La paciencia no está entre sus virtudes. Quizás por eso siempre ha creído que las cosas le cuestan siete veces -ni una más, ni una menos- que a los demás. Puede que no sea cierto, puede que le cueste lo mismo, pero su tiempo ella lo mide en desesperos. Los minutos, los días, las horas... pura ordinariez. Podría pasar mil años asomada a una ventana sin notar que ha estado esperando... cuando no espera nada. Pero si espera algo, por efímero y vulgar que sea, y ese algo no llega o parece que se aleja cuando lo ve llegar, su mundo se desmorona. La conozco. No tiene paciencia. No sabe aguardar a que la única posibilidad que tiene, entre mil posibles, se le presente. Los que no saben esperar necesitan romper los hilos que les atan a la espera para salir a flote, para volver a la vida anodina y tranquila del que nunca espera nada.


Hoy llueve. Winter está asomada a la ventana. Le encanta el olor a lluvia que se cuela por las rendijas. Se ha levantado sin humor para encajar bromas macabras. ¿A quién se le ocurre bromear con la amistad? ¿Por qué alguien necesita sembrar la desconfianza para sentirse seguro? Winter espera que yo la saque a dar un paseo, pero sabe que está lloviendo y que ahora no puede ser. Más tarde, sí, aunque llueva. Le pondré la correa al cuello y saldré con ella a caminar bajo la lluvia. Me da paz. Esa paz que hoy ha vuelto a mi casa.

3 comentarios:

Pedro dijo...

¿Milady de Winter? Es un gran personaje. Malvado pero grande :-)

tcosta dijo...

Jajajaja. Ojalá, pero no. Mi perra (un pitbull mestizo)se llamaba Winter antes de que yo la adoptara y antes de que la veterinaria la bautizara Winther. Cuando me enfado le digo: ¡Winter María Rilke! y no veas cómo se pone de nerviosa. Cuando le llamo Winter Grass o Winter Houston, sabe que estoy contenta. Y estoy de acuerdo, Pedro, Milady de Winter es grande.

tcosta dijo...

Maravilloso:
Por motivos obvios no publicaré tu comentario. Me temo que no te entiendo. Yo diría que incurres en contradicciones. La paz llega cuando uno cree que ha actuado con responsabilidad; con razón o sin ella, pero con responsabilidad. Hay cosas importantes que es mejor parar en el momento en que uno detecta que se están yendo por el camino equivocado. En lo del viaje, estamos de acuerdo: mejor, imposible. No pretenderás que te deje mi número de teléfono aquí, ¿verdad? Cuídese, jovencito y déjese de envidia. No hay nada que el tiempo no pueda curar.