domingo, 19 de agosto de 2012

No he renunciado a tanto para rendirme ahora

He tenido un momento de flaqueza. Me mandaron hoy, bajo un sol tremebundo y una humedad aplastante, a hacer una foto a un crucero danés que había atracado en el puerto de Melilla. El barco llegó a las diez de la mañana, pero mi jefa no cayó en la cuenta hasta casi las dos. En fin, allá que me fui, regia y divina. Ni rastro de los daneses. Ni rastro del crucero. Se veía, sí, pero tan lejos, que la foto no vale nada. De regreso a la residencia de estudiantes donde vivo, un coche empezó a perseguirme. Al parecer, eso es normal aquí en Melilla. Vas por la acera y un coche aminora la marcha y te acompaña un tramo, invitándote a subir. Es la manera que tienen aquí de ligar. Ya me ha pasado varias veces y a mis compañeras del periódico, también. El de hoy, era un hombre de unos cuarenta años, en un Mercedes. Desde el coche me decía que subiera, que se llamaba Jose, así, sin tilde. Como yo no levantaba los ojos del suelo, me dijo, ven, que aquí hay aire acondicionado. Se me hizo un nudo en la garganta. Fue un segundo, pero estuve a punto de claudicar. Seguí 'wasapeando' con un amigo. Pero en ese momento le dije que me quería morir y me dio siete razones para no morirme. "Tienes un par de huevos, eres dura, inteligente, luchadora, independiente, tienes trabajo y eres revolucionaria". Suficiente. Salí disparada hacia un callejón por donde el del Mercedes no podía meterse. Le escribí a mi amigo: "Sólo me falta que me violen ahora". Atravieso el callejón y me vuelve a salir el imbécil del Mercedes. Me paré, dejé que el puto coche parara y le dije al conductor con un hilo de voz: "Muérete". Me dijo que me tenía vista "desde hace una semana" y que ya caeré. Yo seguí caminando y él se quedó ahí, estacionado.
No he renunciado a tanto para rendirme aquí y ahora. Estoy aquí porque quiero. No tengo ni quiero familia, no tengo ni quiero hijos y odio las paellas de los domingos. Creo que estoy en un punto en el que odio a los hombres. Me halaga tenerlos babeando a mis pies, pero me repugna la idea de que me toquen. No quiero nada que no sea escribir en un periódico. Eso es lo único que quiero. Y no me voy a rendir. Yo no nací para ser ama de casa. No quiero ser una buena esposa, ni una novia ejemplar, ni siquiera una amante de siete días. Prefiero morirme.

1 comentario:

Pedro dijo...

Después de tu declaración androfóbica me da miedillo escribir algo pero -aunque tú ya lo sabes- por mucho que lo repitáis no toos los hombre son iguales. Ese modo de ligar, por mucho que sea costumbre, es acoso y debería estar perseguido por la autoridad, no te rindas y dales algún disgusto con tus textos que igual les viene bien.

PD: ¿qué es eso de que estuviste a punto de claudicar? Espero que te refieras a dejar Melilla y no a otras cosas.