lunes, 28 de enero de 2013

Renombrando ambiciones

Yo no tengo ambiciones mundanas. No anhelo las cosas tangibles. Puedo vivir con y sin ellas y no notar que me faltan o me sobran. No nací así. Lo aprendí en la ausencia y la presencia. Hasta hace muy poco había hecho mía una frase que repetía hasta la saciedad: "Lo que yo quiero no existe". Cuán equivocada estaba. Existe y tengo la suerte de haberlo encontrado. Aún así, mi felicidad no es completa. Siempre me falta algo. Me he propuesto conseguir que ese algo, esa milésima parte de felicidad que me falta, no estropee lo que de verdad me hace feliz. Para lograr algo, el primer paso es proponérselo. Las metas nos ayudan a renombrar las ambiciones. Mi querido Luis M-L.A. solía decirme algo que con el tiempo he hecho mío. Más o menos era así: "Si un día decides hacer alguna cosa que no está bien, piensa si te dará un placer superior al dolor que sentirá la persona a la que perjudica". Hoy mi única meta es no hacer daño a la gente buena.

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