viernes, 19 de abril de 2013

La alquería de los lentos versus Sicilia

No pude pasar por alto el letrero. Estaba en medio del campo: "La alquería de los lentos". Me pareció un toque de genialidad en un sitio donde los mayores aún se sientan a contarse sus cosas en la plaza del pueblo. De pronto sentí que estaba viviendo algo que ya había vivido. Hace unos años estuve en Sicilia y recorrí toda la isla, pero me quedé con el nombre de una pequeña localidad, Tusa, que puede que no esté en ningún itinerario turístico. Llegamos allí, por mi afición a hacer escala en lugares imposibles. En Tusa ni siquiera el farmacéutico del pueblo sabía manejar una cámara digital para hacernos una foto. Recuerdo un mirador desde el que se veía toda la costa siciliana, desde Cefalú hasta Milazzo. Igual exagero, pero la vista era maravillosa y lo sigue siendo en mi memoria. Eso, pese a que el viaje a Sicilia ha sido el más desagradable que he hecho nunca. Lo hice en verano, sin coger hotel y con la intención de pasar dos semanas recorriendo en coche la isla. Horrible. Los hoteles era caros (100 euros la noche), pocos (uno por pueblo) y malos (malísimos). La gran decepción de ese viaje fue mi visita a Corleone. Por no haber, no había ni pizzas, ni helados que recordar, sólo una oficina de Correos majestuosa desde la que envié una postal a mi madre que nunca llegó. Normal, decía algo así: "Estoy en Corleone, donde se rodó parte de 'El Padrino', y es una mierda pinchá en un palo". Para ser honesta con Sicilia, lo mejor fue el viaje a las Islas Eolias. Yo sólo estuve en Lípari porque había mal tiempo, pero esa visita merece mucho la pena. Por lo demás, Palermo, mejor que Catania y Siracusa. Ah, y el teatro de la tercera parte de 'El Padrino', decepcionante. Creo que no soy la persona más indicada para sugerir un viaje de 15 días a Sicilia. En esto pasa como en todo: la compañía es determinante. El fin de semana pasado estuve en el Museo Picasso de Málaga y nunca antes ver cuadros me hizo tan feliz. Luego, cuando pasé por La alquería de los lentos, en un pueblo de la sierra de Granada, pensé que ese cartel estaba puesto allí para mí. Porque así es mi vida ahora: muy lenta. Quizás por eso disfruto cada cosa con mayor intensidad. Me temo que he madurado. Ha costado controlar mis instintos independentistas. Poco a poco, en mi vida el nosotros se va haciendo un hueco. No sé si es saludable, pero es así.

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