miércoles, 8 de mayo de 2013

Efectos secundarios

He visto hace dos semanas la película 'Efectos secundarios', de Steven Soderbergh (2012) y aún hoy me perturba. El filme mezcla depresión con negocio, asesinato con amor y falsedad con lesbianismo. Creo que es de esas películas que uno no debería dejar de ver, sobre todo, si como yo, se tiene sed de cine. Efectos secundarios viene a machacar ideas que no por repetidas dejan de ser ciertas: la locura no tiene límites y las cosas casi nunca son lo que parecen. Al hilo de estas dos ideas os cuento algo que me ha pasado. Hace dos meses cometí la imprudencia de facilitarle mi dirección de correo a una mujer que me aseguró a través de un mensaje en este blog, que estaba tan deseperada que necesitaba contarme lo que le pasaba. Desde entonces no me deja en paz. El problema de los que creemos que hay más gente buena que mala en este mundo, es que a veces ignoramos que hay mucha peña que, además de mala, no tiene educación, por eso no respeta nada, ni siquiera a sí misma. Mea culpa. Debí dejar que se arrastrara por otros lodos lejanos a los míos. Puedo entender y hasta compadecer la desesperación ajena, pero de ahí al insulto racista y la manifestación verdulera de los sentimientos hay un abismo. ¿Qué puedo hacer por ayudarte, princesa? Puedes seguir escribiéndome, pero si te sirve de algo para recuperar eso que en algún momento de tu vida se llamó autoestima, te lo confieso por lo bajini: tus problemas no me interesan. Ya sé que es cruel, pero es la verdad.

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